miércoles, 15 de junio de 2011

vos (o lo que me gusta creer de vos)

Te regalé cien líneas, mil palabras desesperadas y quien sabe cuantas horas de sueño. Te cedí también los márgenes de mis apuntes, que siguen gritando tu nombre cuando paso las páginas.
Podría dibujar el contorno de tu cuerpo a la perfección y los rasgos de tu cara sin errarle si quiera al ángulo que forma tu nariz con tu frente.
Seguimos sumergidos en la neblina de esa noche, y mis manos tantean el aire húmedo buscando las tuyas, que ya no están. Y lo más raro de todo es que no puedo (ni quiero) desprenderme de tu ausencia.